‘Abbas Yusef Civil, de seis años, ha contado a la delegación de Amnistía Internacional que el 26 de agosto le explotó encima una bomba de racimo en el pueblo de Blida al ir a levantarla. En su cama del hospital, ha explicado que estaba jugando con tres amigos cuando fue a agarrar un objeto que parecía un "frasco de perfume". Tiene el colon y la vesícula reventados, una perforación de pulmón y una ruptura de nervio medial, y le han hecho ya dos transfusiones de sangre. Sus tres amigos también resultaron heridos, pero les dieron el alta al cabo de dos días. En la sala contigua, Mahmud Yaqub, pastor de 38 años, tiene escayolada una pierna que una bomba de racimo que pisó le dejó destrozada. Dice que perdió 4 de sus 21 cabras durante los ataques israelíes porque era imposible llegar al abrevadero. Apenas pudo sacarlas al campo durante los combates y ahora, desde el alto el fuego, los montes donde acostumbran a pastar están llenos de bombas de racimo. En otro hospital, Amnistía Internacional ha visitado a Hassan Hussein Hamadi, niño de 13 años que se encuentra en coma tras haber sido intervenido quirúrgicamente. Si familia cuenta que, el 27 agosto, jugaba con sus cinco hermanos y hermanas en el patio delantero de su casa, en el pueblo de Deir al-Qanun, al sur de Tiro, cuando le explotó una bomba de racimo tipo bote que encontró allí. La explosión le arrancó todos los dedos de la mano derecha, salvo el meñique, y le produjo graves lesiones en un hombro y en el abdomen. Hussein Qaduh, de 19 años, estudiante de contabilidad en el Instituto Técnico Islámico de Beirut, resultó gravemente herido al explotar una bomba de racimo el 28 de agosto en la localidad de Soultaniye, en el sur de Líbano, cuando caminaba por un sendero junto a un campo de fútbol. Cuando la delegación de Amnistía Internacional visitó la zona al día siguiente comprobó que estaba llena de bombas de racimo sin explotar, algunas de las cuales se encontraban a sólo unos centímetros del camino, donde se veía todavía sangre en el suelo. Hussein fue sometido a una larga operación porque tenía una hemorragia en los intestinos y el hígado. Habían conseguido detener esta, pero seguía sangrando por el cerebro. Su diagnóstico era extremadamente crítico. Amnistía Internacional ha reiterado que el uso de bombas de racimo por Israel pone de relieve la necesidad de una investigación exhaustiva e inmediata de Naciones Unidas sobre esta y otras violaciones del derecho internacional humanitario cometidas tanto por Israel como por Hezbolá durante el conflicto. ******** Amnistía Internacional, Secretariado Internacional, 1 Easton Street, WC1X 0DW, Londres, Reino Unido. Traducción: Editorial de Amnistía Internacional, EDAI.
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